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jueves, 11 de junio de 2020

¡Esto es lo que hay! · El factor humano


Algún comentario recibido y conversaciones mantenidas en las últimas semanas me hacen volver a un tema que me entusiasma y sobre el que no dejo de aprender: la gestión de equipos.

Solo utilizaré dos líneas para recordar que hablo de equipo, y no de grupo. Podéis ahondar más en esta idea y diferenciación en esta otra entrada del blog, nada menos que hace casi 5 años y medio.


La variable más compleja en cualquier proyecto artístico, creativo, educativo, social o empresarial es, sin duda, el factor humano.
Y lo qué es más importante, no solo es la más compleja sino que también lo es, le pese a quien le pese, la que da más valor añadido a cualquier proyecto. La que más hay que cuidar.

Pues bien, la cuestión que nos ocupa hoy es, ¿qué hago yo con este equipo?

Esta pregunta tiene trampa.
O mejor dicho, su respuesta.

En la mayor parte de los proyectos en los que me he embarcado, yo mismo he elegido, seleccionado y orientado a mi propio equipo. Esto facilita en grado sumo la ejecución de un proyecto, ya que se supone que se ha elegido a los miembros del equipo por sus cualidades, su perfil y su implicación para con el proyecto.

En estos casos, el equipo en sí debería ser un paso muy importante para el éxito del proyecto, aunque la dificultad o el reto estriba precisamente en esa selección.
Pero y además ese es un tema que trataremos en otro momento. El de cómo seleccionar un equipo adecuado para un proyecto.

Hoy, sin embargo, nos centramos en qué pasa cuando acudimos a la llamada de alguien y nos encontramos con una estructura ya formada de personas y funciones o, simplemente, pertenecemos a una entidad o colectivo cuyo equipo es el que es y tenemos que afrontar cualquier propuesta con las personas que tenemos.

¡Esto es lo que hay!

Pues es quizás una de las labores más habituales que habría que ejecutar en cualquier proyecto y a la que menos se suele dedicar tiempo.
Porque sencillamente, el equipo con el que se cuenta es el que es, las funciones vienen predeterminadas, e intentar desestructurar una estructura solidificada y muchas veces anquilosada, no solo da pereza sino que muchas veces parece inútil.

Así que salimos por donde y como podemos, y ya está.

Pasa en centro educativos de todos los niveles y sus claustros, en empresas con cualquiera de sus departamentos, e incluso en proyectos artísticos, sobre todo en aquellos que dependen de estructuras oficiales o estancadas en el funcionariado, en el buen y regular sentido de la palabra.


Es como cuando tenemos que hacer algún tipo de acto, propuesta pública o reunión, y no podemos elegir el espacio para celebrarlo porque nos viene dado... Pues como es lo que hay, ni nos preocupamos por él. 
Sin embargo, una mala o nula adaptación o comprensión del espacio puede provocar unos nefastos resultados, sin aparentemente saber su causa. 

Conviene, por tanto, dedicarle un poco de tiempo a su preparación, pues evita muchos descalabros.
Pero y además esto es motivo de otra entrada del blog... El espacio...


Dediquemos pues tiempo a 'hacernos con el equipo'.
Ese equipo impuesto, heredado o perenne, para evitar descalabros futuros de los que no sepamos averiguar su causa y que no será otra que la mala gestión del factor humano. 

Dejadme que de tres claves, sin desarrollarlas en toda su extensión, porque sería motivo de una nueva tesis.


1.- Conocer al equipo

Cuando hablo de conocer no hablo de descubrirlo.

Una prueba que suelo hacer cuando llego a impartir algún módulo de un máster o un curso al que acudo cuando los alumnos llevan semanas o meses juntos, es hacer una inocente pregunta...
'¿Os conocéis?'
La respuesta unánime y convencida es un sonoro '¡Sí!'.

Entonces empiezo, de nuevo inocentemente, a cruzar preguntas entre ellos como: '¿Sabrías qué regalarle en su cumpleaños? ¿A qué le invitarías a comer? ¿Con quién te irías de viaje a dónde? ¿Con quién no y por qué?'...
La mayoría de las preguntas se quedan sin respuesta, lo que hace que yo concluya en otro sonoro '¡Entonces no os conocéis!'

Es una manera provocadora de hacer conscientes a todos de que conocer no es solo sabernos los nombres y sus responsabilidades. 
Hay que tener información sobre sus cualidades y habilidades. Sus filias y fobias. Aquello por lo que darían todo y aquello que no les importa lo más mínimo.

Y en este recorrido por sus perfiles, viene la segunda parte fundamental para 'adoptar un equipo'.


2.- Ser conscientes de su implicación con el proyecto.

Una vez conocidos los perfiles, actitudes y aptitudes, relaciones entre ellos y con la institución o empresa que los acoge, de nada nos serviría volver a caer en el error del molde, y asumir que, fuere cual fuere el proyecto, A siempre va a reaccionar como A, y no como A', A'' o incluso Z.

Una persona organizada, normalmente responsable de la gestión de las necesidades, si no se siente atraída por un proyecto en concreto o incluso este le causa aversión por cualquier motivo personal, formal, ético o estético, es muy posible no solo que baje su rendimiento, sino que pueda convertirse en un palo en las ruedas de forma casi inconsciente o, lo que es peor, conscientemente.

La sal gorda puede ser un gran aderezo, pero si no nos planteamos que para un pescado podemos utilizarla en grandes cantidades haciendo una cama y una cobertura para meterla en el horno, mientras que para una carne roja no conviene utilzarla antes de la cocción para que no suelte agua y se seque o que para una ensalada conviene mezclarla con el resto del aderezo antes de aliñarla, podremos estar utilizando una hermosa cualidad de forma errónea en función del proyecto.

Esta fase es muy importante. Aquella persona en la que confiamos gran parte del peso en un proyecto A, es posible que para un proyecto B no se sienta implicada, motivada o arrastrada y, por tanto, debamos utilizar ese elemento humano con menos peso específico para esta segunda propuesta.

Y aunque habría que desarrollarlo más (puede que más adelante en otra entrada), la implicación con el proyecto se puede analizar en 3D. Es decir, en tres variables que pueden conformar un mapa de tres dimensiones para situar a cada persona en el universo de un proyecto:
Activo-Pasivo, Proproyecto-Antiproyecto, Motivado-Desmotivado.

Hay personas de por sí activas y otras que hay que arrastrar. Esta variable es quizás la menos variable de todas aunque saltemos de un proyecto a otro. Los activos lo son, o no lo son... O... no!

Sin embargo, el que una persona sea activa no implica indefectiblemente que ayude a la consecución de los objetivos. Ya que uno puede ser favorable a los objetivos pero ser pasivo y no aportar mucho y, en el lado contrario, puede que haya alguien muy activo pero que no comulgue en absoluto con el proyecto, con lo que toda su actividad obligará a tener que remar con más fuerza, contrarrestando su acción contraria al proyecto.

Aún así, alguien pasivo puede convertirse en activo gracias a la motivación y una persona activa contra el proyecto, puede perder motivación y convertirse en una fuerza menor a tener en cuenta.

Estas tres variables (y muchas más que hacen mucho más complejo este mundo de los miembros de un equipo), nos obligan a tener en cuenta la tercera clave


3.- Aprovechar su potencial al máximo.

Si sabemos que él o ella han sido muy activos en el pasado en otros proyectos, ¿por qué no vamos a poder conseguirlo para este?

Si una persona es muy proactiva pero gasta sus energías en contra de los objetivos del proyecto, ¿por qué no intentar reconducirla para que esa energía se convierta en positiva?

Si encontramos que gran parte del equipo está desmotivado por este proyecto, ¿por qué no indagar en otros elementos que puedan motivar su proactividad y su interés? ¿Y si la motivación no está en los objetivos pero sí en el proceso? ¿Y si no está en el proyecto, pero sí en el equipo? ¿Y si no está en el ahora pero sí en el futuro inmediato o a medio plazo?

Si en el equipo tenemos personas con altas dosis de energía, tenemos que hacer lo posible porque esa energía impulse en la dirección correcta.

Si tenemos parte del equipo motivada, nos tienen que ayudar a motivar al resto.

Si hay miembros del equipo que están convencidos del proyecto, de su proceso y sus objetivos, hay que conseguir que saquen toda su energía, aunque no estén acostumbrados a hacerlo.


Como veis, estos son tres de los elementos fundamentales para poder afrontar con cierta garantía un proceso y unos objetivos en un proyecto con un equipo predeterminado.

Pero claro, ahora viene la gran pregunta: ¿Cómo?

¿Cómo conocer al equipo?
¿Cómo ser conscientes de su implicación en el proyecto?
¿Cómo aprovechar su potencial al máximo?

Por supuesto que esto será objeto de otras entradas en este blog pero y además, como existe una casuística casi infinita, quiero convertir esto en una especie de ensayo de consultorio de la Señorita Francis, un poco para que os deis cuenta de cómo funcionaría un Seminario de orientación para gestión de proyectos artísticos, culturales y creativos.

Yo os provoco dando un marco general con multitud de probabilidades y combinatorias, vosotros me concretáis algún caso que tengáis cerca o con el que os estéis enfrentando, y yo aterrizo la propuesta a vuestro caso concreto, tratando de lanzaros 'jueguercicios', técnicas, orientaciones, para sacar lo mejor de vuestro equipo de cara a vuestros objetivos.

¿Os apetece jugar?

Podéis empezar...

¡Gracias por seguir leyendo y, por supuesto, no solo se admiten, sino que se agradecen comentarios!

Yo estoy aquí porque vosotros estáis aquí..., y viceversa.


jueves, 4 de junio de 2020

¡Lo importante es hacer!



Esta es una de las últimas frases de mi primer libro publicado, 'Drama. Un estadio intermedio entre juego
y teatro.'

A priori nada tan sencillo y a la vez tan complicado. Hacer.

En el libro, esta frase trata de resumir la idea de que, por mucho que teoricemos, por mucho que nos lancemos a discusiones o razonamientos, nada acaba teniendo sus efectos si no se traduce en un hacer. Invito a dejar de leer y ponernos a hacer.

Traigo a este blog esta idea, que tiene 25 años y que aún defiendo sin ambages, a causa de un no tan nuevo disparador.

Mi 'hermano' Chris Baldwin, colgó hace un par de días en su Facebook, esta cita de Martin Luther King


“More and more I feel that the people of ill will have used time much more effectively than have the people of good will. We will have to repent in this generation not merely for the hateful words and actions of the bad people but for the appalling silence of the good people."

('Siento cada vez más que las personas de mala voluntad habrán utilizado su tiempo de forma mucho más efectiva que las de buena voluntad. Nos tendremos que arrepentir en esta generación no simplemente de las palabras y acciones de odio de la gente mala, sino del abrumador silencio de la gente buena.')

Martin Luther King.


Efectivamente, lo importante es HACER, no solo porque para llegar a un objetivo hay que subirse las mangas ('arremangarse' creo que se entiende mejor) y ponerse manos a la obra, sino porque la inacción provoca que las acciones que van en otra dirección o en dirección contraria, se magnifiquen o cobren más sentido.


Sabéis que este blog no es ni político, ni social, ni religioso, ni moral... Sin embargo sí persigue ideas importantes e interesantes para mejorar como educadores, artistas, emprendedores, trabajadores sociales...

Para ello muestro técnicas, ejercicios, juegos o reflexiones que se nutren del Teatro de Creación y otros ámbitos, con el fin de mejorar el trabajo por proyectos, el trabajo en equipo, y el desarrollo personal del individuo.


Hacer vs. Inacción.

Mejor hacer.


Esto no significa que cada uno, desde su individualidad intente cambiar el mundo.

Las técnicas del Teatro de Creación nos enseñan que cada uno debe dominar su ámbito al máximo y estar abierto a la escucha y a la colaboración con los demás.

En una producción musical, un guitarrista no tiene por qué ser el que más sepa de la mesa de sonido, pero el técnico de mesa podrá entablar diálogo con él para que, desde la perspectiva de su guitarra, la mezcla y el sonido suenen como a todo el equipo le gustaría que sonara.

En una empresa, el responsable de comunicación no tiene por qué conocer las vías de distribución y venta de un producto, pero el director comercial debe entablar un diálogo efectivo con comunicación para que los esfuerzos de ambas partes se conjuguen hacia el objetivo mayor.


Desde muy pequeño, he tenido vocaciones que, entre otras cosas, buscaban mejorar el mundo, la historia, el universo.

Luego maduré y pensé en acciones que pudieran mejorar mi país, o mi región (antes eran regiones...)

Poco a poco me di cuenta de que debía esforzarme por mejorar la educación, la universidad, la empresa...

Y finalmente la conclusión a la que he llegado tras unos decenios de madurez, es que lo importante es hacer pensando en los que tienes más cerca y en tus obligaciones más inmediatas.


Hacer para que los que tienes cercan sonrían.

Hacer para que los que dependen de ti, aprendan.

Hacer para que el entorno donde habitas siga siendo habitable.

Hacer para mejorar tu forma de ser, sentir y saber.

Hacer para Crear, Crecer y Creer.


No es que deje el resto para el 'efecto mariposa'. Pero y además, si todos mantuviéramos esas pequeñas máximas, otro gallo cantaría en una sociedad que se aprovecha de la inacción de los honrados, de los trabajadores, de los honestos, de los saludables, de los sonrientes, de los creativos, para campar a sus anchas.


Hoy, como veis, solo os pido eso.

Que dejéis de pensar y elucubrar y os dediquéis a hacer.


Y si alguno tiene alguna duda de cómo o qué hacer en este campo de la expresión y la creatividad aplicadas, que pregunte, provoque, plantee o haga algo para poder contestar en próximas entradas.

Os espero.

¡Gracias por seguir leyendo y, por supuesto, no solo se admiten, sino que se agradecen comentarios!

Yo estoy aquí porque vosotros estáis aquí..., y viceversa.







jueves, 28 de mayo de 2020

La teoría de la margarita

Sí, no, sí, no, sí, no, sí…

Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere…

Hablo de las margaritas o no hablo de las margaritas…

 

Una persona de entre vosotras, apuntó en un comentario de una de las entregas anteriores, que las decisiones del proceso creativo, a veces, se dejaban al albur de la teoría de las margaritas.

Yo diría algo más.

Más que las margaritas, se dejan al azar.

Aunque habría que preguntarse si, en la toma de decisiones, puede existir el auténtico azar…

 

Realmente no es otra cosa que utilizar un método que parece eximirnos de responsabilidad, de tal forma que, si sale bien, todos contentos, y si sale mal, siempre podemos sacar a relucir la frase tan manchega de ‘¡No estaba de Dios!’

 

No voy a darle muchas vueltas a las margaritas en sí porque, quien haya observado un poco, o haya leído al respecto, o haya ‘despetalado’, que no deshojado unas cuantas margaritas, sabrá que, salvo ejemplares con 34 pétalos, que son ejemplares no demasiado habituales, el resto tienen normalmente número impar de pétalos (13 o 21) Fibonacci dixit.

Sí, las margaritas más habituales tienen 13 pétalos, con lo cual, ante una duda de dos opciones, aquella con la que empecemos será la que salga al arrancar, o contar, el último pétalo.

Algunos un poco frikis, conociendo esta realidad, hemos deshojado margaritas en dos fases. Primero, quitábamos de un tirón un grupo de pétalos a ciegas, para no saber los que habíamos quitado, y luego seguíamos uno a uno, para dar cabida al auténtico azar.

Porque realmente, lo que buscamos con las margaritas es la intervención del azar.

 

Pero lo que trae una margarita al frente de este blog, aparte de ser una de las flores que más me gustan, es la simbología de no responsabilizarse de las decisiones.

 

Sí, elegir por azar, o sin justificar una decisión, no es otra cosa que intentar escurrir el bulto en la toma de decisiones.

Y aquí entro de lleno en las estructuras organizativas a la hora de trabajar.

 

En una estructura clásica, piramidal, donde las últimas decisiones las toma un responsable que se sitúa por encima de un grupo, en forma de nebulosa o de pirámide, este tiene la obligación de elegir, no precisamente con una margarita, qué campaña de promoción utilizar; de qué color pintar un espacio; en qué empresas invertir los fondos; qué libro de texto poner como obligatorio para el alumnado…

Este responsable, si es bueno en su trabajo, es porque siempre ha tenido cuidado de no tomar decisiones con margaritas, sino sopesando toda la información que hay alrededor.

¡Ojo! Lo hace así porque hay un objetivo concreto que conseguir. Vender más y mejor. Hacer más agradable y relajante un espacio. Conseguir más beneficios de inversión. Lograr que los alumnos tengan una herramienta útil y favorecedora del aprendizaje.

 

Y hago hincapié en este ‘¡ojo!’, porque también existe la posibilidad de que no exista un objetivo concreto a la hora de tomar una decisión y entonces, el azar, sea un buen aliado. O que el objetivo no varíe en función de la toma de decisiones.

Como, por ejemplo, repartir tres gorros de piscina de tres colores distintos entre tres novatos de la natación el primer día de cursillo. Elige un número del uno al tres. El azar repartirá los colores. Aunque es muy posible que intervenga la decisión personal y alguien ofrezca cambiar su color por el de otro, porque le gusta más o le hace los dedos de los pies más pequeños.

Sin embargo, el objetivo de que los tres lleven gorro de baño y se les pueda distinguir por los colores, seguirá a salvo.

 

Volviendo al responsable de la decisión en una estructura piramidal, no solo se juega el buen resultado de su decisión, sino su puesto en la estructura. Una buena decisión puede hacerle subir escalones, y una mala puede hacer que otros le sustituyan.

 

Pero y además, ya sabéis que llevo años defendiendo la estructura horizontal de las organizaciones.

Y no hablo de una estructura grupal en la que todos decidimos entre todos. Eso es una ameba sin estructura que diluye las responsabilidades, los objetivos y hasta los resultados, en función de cómo se adapte la ameba al éxito o al fracaso. ¡Aquí sí que entra el azar!

Si hay éxito, somos un grupo majísimo. Si no lo hay, nadie se siente responsable.

 

Hablo de una estructura horizontal auténtica. La propia del Teatro de Creación aplicado. Donde cada pieza tiene un fragmento de responsabilidad, un elemento estructural que puede consolidar o hacer temblar el bloque en su conjunto.

Aquí, si realmente perseguimos un objetivo del que tenemos que conseguir su máxima eficiencia y éxito, no vamos a utilizar la margarita. Vamos a utilizar la información y las propias decisiones de cada miembro del equipo en su ámbito.

Y aunque a veces haya decisiones que parezcan arbitrarias, en un buen proceso de Devising, cada bifurcación, cada recodo, cada ida y vuelta, cada ‘¡O… No!’, debe estar fundamentado en toma de decisiones lo más objetivas posibles.

 

En este formato, también te juegas el puesto, porque si tus decisiones hacen tambalearse el barco, no dejas de ser una pieza sustituible. Sin embargo, la ventaja es que, al ser un trabajo en auténtico equipo, si uno de los engranajes falla, la fuerza del resto de engranajes puede mantener el barco a flote mientras se modifica, reconduce o sustituye una de las piezas.

No es una decisión unitaria que decide por todos. Son todos los que hacen que el responsable final, tome la decisión.

 

Este último responsable será el fulcro que sea capaz de dirigir este barco horizontal, para que las decisiones dejen el menor resquicio al azar…


Aunque a veces, un buen fulcro, buscará el azar para sorprender, provocar, modificar y buscar caminos que enriquezcan, precisamente, el pensamiento creativo de cada miembro del equipo y del equipo como máquina a engrasar…

Pero eso es otra historia de la que hablaremos en otro momento.

 

Os lanzo, antes de despedirme, un pequeño ejercicio de memoria y análisis.

Quiero que penséis cuándo fue la última vez que tomasteis una decisión apoyados en el azar. Y quiero que lo analicéis bien, porque, ya adelanto, que más de uno se dará cuenta de que, aquello que elija pensando que fue el azar, cuando lo analice, se dará cuenta de que ese aparente albur no era sino la consecuencia de microdecisiones muy pensadas.

 

Ahí lo dejo.

 

Os espero.

¡Gracias por seguir leyendo y, por supuesto, no solo se admiten, sino que se agradecen comentarios!

Yo estoy aquí porque vosotros estáis aquí..., y viceversa.