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jueves, 25 de junio de 2020

Conocer, recordar personas


La memoria es una capacidad con multitud de variantes.

Tenemos memoria a corto y a largo plazo, que indica la distancia temporal entre lo que se recuerda y el presente. La memoria a corto plazo suele ser más funcional y por eso, cuando el cerebro pierde flexibilidad, solemos acordarnos más de lo que pasó en nuestra niñez que de lo que hemos comido hoy.

Hay quien posee memoria eidética, como Sheldon Cooper, lo que viene a ser memoria fotográfica. Recuerdas con detalle lo que ves, incluso mucho después. Muchos hemos conseguido aprobar exámenes acordándonos del párrafo que estaba debajo de aquella foto en la parte derecha superior del libro de texto aquél...

Existe la memoria episódica, que es la que nos permite recordar hechos personales con nitidez, incluyendo sensaciones. Siempre se ha dicho que los mejores recuerdos de un viaje son lo que comiste, dónde y con quién.

Sin embargo, cuando surge este último factor, el 'con quién', la memoria se tiñe de emoción y hace que logremos proezas y antiproezas sorprendentes.

Yo suelo comentar que, ante un nuevo grupo de taller o trabajo, de entre 10 y 30 personas, soy capaz de memorizar sus nombres e incluso sus apodos inventados, en el primer cuarto de hora de la primera sesión.

Lo necesito. Es bastante poco agradable dirigirte a alguien como 'el de la camisa a cuadros', o 'la del pantalón tobillero'. Sobre todo cuando hay más de una camisa o de un pantalón iguales en el grupo.
Poder llamar a cada persona por su nombre, o por el nombre que te has inventado para ella, hace que la relación inmediata, profesional y pedagógica, sea más directa, eficiente y eficaz.

Por el contrario, al mismo tiempo que 'alardeo' de esta capacidad que no deja de ser un entrenamiento de la atención, confieso que, al acabar el curso, módulo o taller, me ocurre a menudo cruzarme con un alumno al día siguiente y no recordar su nombre, aún sabiendo que le conozco.

Es lo que yo llamo memoria útil.

Necesitas vaciar nombres, caras, apodos, para que quepan los siguientes u otra información.


La memoria se entrena. ¡Vaya que sí!
Y si a esta memoria le añadimos las emociones, la intensidad, calidad y durabilidad de esa memoria crece exponencialmente.

Y aquí permitidme que haga un guiño en homenaje a Domingo Serrano Dotor. Una persona con un excepcional entrenamiento de memoria humana.

Ah, claro, si no os presento a Domingo, difícilmente sabréis por qué lo traigo a colación. Domingo es, o fue, hasta el pasado día 23, 'El Gordo' de Almagro. 
Los habituales de la ciudad encajera, lo conocíamos sin remedio, pues regentaba, años ha, un bar en la plaza mayor donde su enorme humanidad apenas podía girar detrás de su pequeña barra, pero donde se degustaba la mejor pipirrana, el pollo en escabeche o la merluza rebozada, sin olvidarnos del pisto y la cerveza bien tirada. Luego cruzó la Plaza para tener más amplitud y los visitantes de la ciudad del Festival, durante el mes de julio, no perdonaban una comida o una cena a base de tapas de su cocina.

Pues bien. A Domingo lo conocí... mejor dicho, él me conoció a mí, cuando mis devaneos con el teatro clásico y Almagro eran más habituales.
Luego he pasado por Almagro muy de tanto en tanto.
La última vez fue el verano pasado, con una visita fugaz a su terraza.
No nos veíamos desde hacía más de 4 años.
Yo no dejé de saludarle y él no dejó de recordarme y de preguntarme por mis teatros y mis libros.

Sí, la restauración es una profesión donde la memoria del cliente es fundamental.
Pero recordar a una persona que pasa por allí cada tantos años y saludarnos como si nos hubiéramos despedido el día anterior, es mucho más que eso.
Es una memoria entrenada, con entusiasmo y profesionalidad.


En fin. Si todos aplicáramos esta capacidad de Domingo de memorizar a las personas, sus historias, sus vidas y sus intereses al trabajo diario, a la relación con nuestros alumnos, nuestros compañeros, nuestro equipo, nuestros clientes, os aseguro que nuestra capacidad y nuestra eficiencia crecería por momentos.

Yo lo intento, lo entreno.
Nunca llegaré a la suela de tus zapatos, Domingo.

In memoriam...
Gracias!!!


jueves, 18 de junio de 2020

Tan distintos ... y tan iguales!!!



Siguiendo con la idea de formar buenos equipos, con esa visión 3D de los componentes humanos del engranaje, hoy me voy a centrar en esas personas que aducen no tener ningún interés en el proyecto para convertirse en pasivos o incluso elementos que reman contracorriente.

No podemos luchar contra el desinterés. Es una decisión unilateral...
O...No!!!

Ciertamente, el desinterés puede parecer una decisión tomada desde un extremo del binomio proyecto-participante. Sin embargo, hay una frase lapidaria que suelo utilizar en formaciones relativas a la comunicación.
'Si tu mensaje no llega, no le eches la culpa al receptor. Modifica tu mensaje!!!'

En esta misma idea, si algún proyecto no motiva o dinamiza a un equipo, no esperes a que suceda el milagro de la motivación espontánea.
Posiblemente bastaría con cambiar la forma de exponerlo, desarrollarlo o expresar los objetivos y expectativas de otra manera.

¡Es muy fácil decirlo! Pero cual de las cien mil formas que hay para expresar una idea o un camino a seguir, es la adecuada para motivar, integrar y aprovechar el impulso creativo de cada uno de los miembros de un equipo que, al fin y a la postre, son individuos con características únicas, irrepetibles y difícilmente maleables.

Pues volvemos a una idea de la semana pasada. ¡Hay que conocerlos!


Si nos detuviéramos un poco a conocer a las personas que van a formar parte o forman parte de nuestro proyecto, nos resultaría un poco menos difícil dar con puntos claves de motivación y atracción.

Gustos y desagrados. Colores y sabores. Ritmos y estados de ánimo...

No digo que haya que hacer una versión del proyecto a la carta para cada persona que forma parte de él.
Solo digo que si necesitamos que la energía de una persona se implique de forma completa en el desarrollo de la actividad, conocer a esa persona, quién es, cómo es, para qué es... Nos ayudará mucho a lograr el objetivo.


Imaginemos un proyecto basado en músicas del siglo XX, en el que tenemos que involucrar a un individuo nativo digital a quien, todo año que no empieza por 2000 le parece antediluviano.
Muy posiblemente la propia música no estará en sus estándares de gustos y puede que no le  atraiga, le motive y acabe convirtiéndolo en una parte apática del proyecto, sin aportar nada positivo y, en algunos momentos, siendo un lastre.

Si no hemos dedicado tiempo a conocerle, posiblemente tengamos pocas oportunidades para arrancarle un poco de su energía. Pero y además si, al principio del trabajo en equipo, hemos dedicado tiempo a conocernos realmente entre todos, es posible que sepamos de esta persona que le encanta la imagen y su tratamiento, o que le gusta cocinar, o viajar. 

Bastaría con relacionar este proyecto que, a priori, va de música, con algunos de los temas y contenidos que puedan atraparle.

¿Os imagináis que le pidamos que haga una recopilación de imágenes de los intérpretes de los temas en los que estamos trabajando y los sitúe en espacios del siglo XXI o que equipare sus rostros a personas conocidas por el equipo o famosas de actualidad?

¿Qué tal si busca en cada canción una palabra que pueda asociar con un plato o una cultura gastronómica concreta y se dedique a buscar y elaborar esas recetas como complemento al proyecto?

¿Y si diseña un recorrido geográfico por los espacios, países o lugares que las canciones relatan, para generar un viaje cultural desde el proyecto?

Seguro que desde esa perspectiva, cambia su actitud y colabora con sus aptitudes a mejorar el proyecto global, el equipo.


Este ejemplo viene a colación por dos cuestiones que están relacionadas con el entrenamiento del pensamiento creativo: la asociación de ideas, y las búsquedas de los iguales y distintos.


Ya sabemos que uno de los entrenamientos básicos del pensamiento creativo es generar ejercicios de asociación de ideas, imágenes, palabras... Desde los binomios fantásticos de Rodari (versionados por De Bono en su libro Pensamiento Creativo), hasta 'jueguercicios' de networking empresarial en los que obligamos a los participantes a intentar generar una joint venture con cualquiera de los demás participantes al azar, es decir, conseguir fusionar dos proyectos empresariales en uno, unificando objetivos o logrando un quid pro quo.

Este tipo de entrenamiento nos puede servir para ser más eficaces y despiertos a la hora de asociar cualidades y aptitudes de los miembros de un equipo, con los objetivos principales o secundarios de un proyecto.


Por otro lado, el pensamiento creativo se nutre de buscar elementos de conjunción donde no parece haberlos, y en distinguir lo nuevo, lo diferente, entre lo que parece completamente uniforme.

En este caso, hay un ejercicio que suelo desarrollar en los primeros momentos de la formación de un equipo y que también he sacado a relucir cuando un grupo, al que se le supone ya conocimiento mutuo, demuestra que no se conocen tanto.

En primer lugar pido que busquen manos que se parezcan a las suyas. Esto parece fácil, aunque siempre habrá quien dude si se trata de tamaño, color, piel, uñas, dedos o todo junto. Luego se complica con el pelo porque, aunque nos conozcamos personalmente, a veces tenemos idealizado el pelo y nos unimos a gente cuyo cabello no es tan parecido al nuestro. De nuevo dudas de forma, grosor, color, longitud... Finalmente, los ojos. En este caso precisamos de un juez que dictamine si nos hemos asociado con un miembro del equipo que realmente tenga los ojos parecidos a los nuestros.

Esto es un mero calentamiento. Lo que estamos buscando es intentar asociarnos a la persona del grupo que más se parezca a nosotros. 'Pero, ¿físicamente?' Y yo suelo responder con un ambiguo... 'En principio...'

Una vez que el grupo se asocia por parejas o tríos de parecidos, les pido que busquen entre ellos al menos tres aspectos totalmente diferenciadores. Con ello les demuestro que cada uno puede aportar al equipo aspectos que nadie más puede aportar porque todos somos distintos, somos únicos y podemos aportar aspectos más que valiosos desde nuestra singularidad.

Y entonces surge el lema del circo: '¡Más difícil todavía!'
Les pido que busquen a la persona más diferente a ellos en el grupo.
Una vez formados los pares o tríos, les pido que busquen al menos tres elementos idénticos o tres identidades entre ellos.
Esto ayuda a hacerles ver que por mucho que pensemos distinto, que hagamos distinto, que digamos distinto, siempre podemos encontrar puntos de unión y refuerzo entre nosotros.


Pues con estas dos ideas, conociendo bien al grupo y sus identidades e intentando estar en un continuo ejercicio de relación de ideas, podemos lograr buscar un elemento que logre llamar la atención o motivar a ese individuo que al principio de esta entrada del blog, refunfuñaba o simplemente 'pasaba' del proyecto.

Como siempre digo, nadie dijo que fuera fácil. Sin embargo, más vale contar con alguna herramienta, técnica, jueguercicio o habilidad entrenada, que dejarlo todo al albur de lo que quiera suceder y lo que cada uno decida involucrarse en el proyecto.


Por supuesto, este es solo un pequeño ejemplo.
Hay muchas otras maneras, pero serán en otros momentos.

¡Gracias por seguir leyendo y, por supuesto, no solo se admiten, sino que se agradecen comentarios!

Yo estoy aquí porque vosotros estáis aquí..., y viceversa.









  

jueves, 28 de mayo de 2020

La teoría de la margarita

Sí, no, sí, no, sí, no, sí…

Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere…

Hablo de las margaritas o no hablo de las margaritas…

 

Una persona de entre vosotras, apuntó en un comentario de una de las entregas anteriores, que las decisiones del proceso creativo, a veces, se dejaban al albur de la teoría de las margaritas.

Yo diría algo más.

Más que las margaritas, se dejan al azar.

Aunque habría que preguntarse si, en la toma de decisiones, puede existir el auténtico azar…

 

Realmente no es otra cosa que utilizar un método que parece eximirnos de responsabilidad, de tal forma que, si sale bien, todos contentos, y si sale mal, siempre podemos sacar a relucir la frase tan manchega de ‘¡No estaba de Dios!’

 

No voy a darle muchas vueltas a las margaritas en sí porque, quien haya observado un poco, o haya leído al respecto, o haya ‘despetalado’, que no deshojado unas cuantas margaritas, sabrá que, salvo ejemplares con 34 pétalos, que son ejemplares no demasiado habituales, el resto tienen normalmente número impar de pétalos (13 o 21) Fibonacci dixit.

Sí, las margaritas más habituales tienen 13 pétalos, con lo cual, ante una duda de dos opciones, aquella con la que empecemos será la que salga al arrancar, o contar, el último pétalo.

Algunos un poco frikis, conociendo esta realidad, hemos deshojado margaritas en dos fases. Primero, quitábamos de un tirón un grupo de pétalos a ciegas, para no saber los que habíamos quitado, y luego seguíamos uno a uno, para dar cabida al auténtico azar.

Porque realmente, lo que buscamos con las margaritas es la intervención del azar.

 

Pero lo que trae una margarita al frente de este blog, aparte de ser una de las flores que más me gustan, es la simbología de no responsabilizarse de las decisiones.

 

Sí, elegir por azar, o sin justificar una decisión, no es otra cosa que intentar escurrir el bulto en la toma de decisiones.

Y aquí entro de lleno en las estructuras organizativas a la hora de trabajar.

 

En una estructura clásica, piramidal, donde las últimas decisiones las toma un responsable que se sitúa por encima de un grupo, en forma de nebulosa o de pirámide, este tiene la obligación de elegir, no precisamente con una margarita, qué campaña de promoción utilizar; de qué color pintar un espacio; en qué empresas invertir los fondos; qué libro de texto poner como obligatorio para el alumnado…

Este responsable, si es bueno en su trabajo, es porque siempre ha tenido cuidado de no tomar decisiones con margaritas, sino sopesando toda la información que hay alrededor.

¡Ojo! Lo hace así porque hay un objetivo concreto que conseguir. Vender más y mejor. Hacer más agradable y relajante un espacio. Conseguir más beneficios de inversión. Lograr que los alumnos tengan una herramienta útil y favorecedora del aprendizaje.

 

Y hago hincapié en este ‘¡ojo!’, porque también existe la posibilidad de que no exista un objetivo concreto a la hora de tomar una decisión y entonces, el azar, sea un buen aliado. O que el objetivo no varíe en función de la toma de decisiones.

Como, por ejemplo, repartir tres gorros de piscina de tres colores distintos entre tres novatos de la natación el primer día de cursillo. Elige un número del uno al tres. El azar repartirá los colores. Aunque es muy posible que intervenga la decisión personal y alguien ofrezca cambiar su color por el de otro, porque le gusta más o le hace los dedos de los pies más pequeños.

Sin embargo, el objetivo de que los tres lleven gorro de baño y se les pueda distinguir por los colores, seguirá a salvo.

 

Volviendo al responsable de la decisión en una estructura piramidal, no solo se juega el buen resultado de su decisión, sino su puesto en la estructura. Una buena decisión puede hacerle subir escalones, y una mala puede hacer que otros le sustituyan.

 

Pero y además, ya sabéis que llevo años defendiendo la estructura horizontal de las organizaciones.

Y no hablo de una estructura grupal en la que todos decidimos entre todos. Eso es una ameba sin estructura que diluye las responsabilidades, los objetivos y hasta los resultados, en función de cómo se adapte la ameba al éxito o al fracaso. ¡Aquí sí que entra el azar!

Si hay éxito, somos un grupo majísimo. Si no lo hay, nadie se siente responsable.

 

Hablo de una estructura horizontal auténtica. La propia del Teatro de Creación aplicado. Donde cada pieza tiene un fragmento de responsabilidad, un elemento estructural que puede consolidar o hacer temblar el bloque en su conjunto.

Aquí, si realmente perseguimos un objetivo del que tenemos que conseguir su máxima eficiencia y éxito, no vamos a utilizar la margarita. Vamos a utilizar la información y las propias decisiones de cada miembro del equipo en su ámbito.

Y aunque a veces haya decisiones que parezcan arbitrarias, en un buen proceso de Devising, cada bifurcación, cada recodo, cada ida y vuelta, cada ‘¡O… No!’, debe estar fundamentado en toma de decisiones lo más objetivas posibles.

 

En este formato, también te juegas el puesto, porque si tus decisiones hacen tambalearse el barco, no dejas de ser una pieza sustituible. Sin embargo, la ventaja es que, al ser un trabajo en auténtico equipo, si uno de los engranajes falla, la fuerza del resto de engranajes puede mantener el barco a flote mientras se modifica, reconduce o sustituye una de las piezas.

No es una decisión unitaria que decide por todos. Son todos los que hacen que el responsable final, tome la decisión.

 

Este último responsable será el fulcro que sea capaz de dirigir este barco horizontal, para que las decisiones dejen el menor resquicio al azar…


Aunque a veces, un buen fulcro, buscará el azar para sorprender, provocar, modificar y buscar caminos que enriquezcan, precisamente, el pensamiento creativo de cada miembro del equipo y del equipo como máquina a engrasar…

Pero eso es otra historia de la que hablaremos en otro momento.

 

Os lanzo, antes de despedirme, un pequeño ejercicio de memoria y análisis.

Quiero que penséis cuándo fue la última vez que tomasteis una decisión apoyados en el azar. Y quiero que lo analicéis bien, porque, ya adelanto, que más de uno se dará cuenta de que, aquello que elija pensando que fue el azar, cuando lo analice, se dará cuenta de que ese aparente albur no era sino la consecuencia de microdecisiones muy pensadas.

 

Ahí lo dejo.

 

Os espero.

¡Gracias por seguir leyendo y, por supuesto, no solo se admiten, sino que se agradecen comentarios!

Yo estoy aquí porque vosotros estáis aquí..., y viceversa.


jueves, 2 de julio de 2015

EL POTENCIAL DE UN BINOMIO



EL POTENCIAL DE UN BINOMIO

Binomios perfectos!!!

Hoy acabaré pronto.
Tan pronto como un científico demuestra algún teorema cuya fórmula se da por sentada y demostrada.
Siento este comienzo tan aparentemente científico para quienes estéis alejados de las matemáticas pero y además, como es un principio básico, creo que es entendible para todos.

Dice la propiedad distributiva que el producto de la suma es igual a la suma de los productos.
Expresado matemáticamente, (A+B) x C = A x C + B x C.
Más claro aún, (2 + 3) x 5 = 2 x 5 + 3 x 5… 5 x 5 = 10 + 15… 25 = 25

Traduzcamos. Si A es un individuo y B otro, y C su potencial creativo y expresivo, ¿se podría aplicar la propiedad distributiva?
¿Podríamos afirmar que la capacidad creativa de los dos unidos, es la misma que la suma de las capacidades creativas de cada uno?
Rotundamente NO.

Al final os explicaré de dónde viene este arrebato pseudocientífico…

Y como bien dije al principio, acabaré pronto.

Intuyo que no es la primera vez que lo afirmo. Existe la capacidad creativa y expresiva del grupo que no se reduce a la conjunción de las capacidades de ambos individuos.
Hay una potencialidad que surge de la unión de esos dos individuos y que es distinta en calidad, cantidad, proyección… de la que surge si se unen otras dos personas distintas.
Cuando trabajan a la vez pero no juntos, cada uno aporta lo que cada uno tiene para aportar.
Cuando trabajan juntos, el binomio aporta algo que no pueden aportar ninguno de los dos por separado.

BINOMIO!!!
Esa es la clave.


Y antes de explicar la clave, añadiré un ‘porcierto’… Al trabajar juntos, que no a la vez, el potencial de cada uno, de forma individual, también crece, de tal manera que lo que podría aportar cada uno de ellos al proyecto de forma individual, se ve potenciado, provocado, motivado, multiplicado por la presencia y la creatividad y expresión de la otra persona.

Vuelvo por un momento a las matemáticas.
El cuadrado de un binomio, de una suma, no es la suma de sus cuadrados o el binomio de sus cuadrados. Tiene un plus, que es el doble del producto de ambos elementos.
Traduzco. (A + B)2 = A2 + B2 + 2AB

Esto se parece más a la realidad creativa y expresiva.
La potencialidad de la creatividad y expresividad de un binomio es la suma de la potencialidad de cada uno de ellos, aumentada no ya solo por la creatividad del conjunto de ambos, sino por el doble de este valor al aumentar la potencialidad de cada uno.

Espero no haber hecho un lío.
Y esto con un binomio… Imaginaos esto con un grupo creativo o expresivo bien conjuntado!!!


Y, finalmente, os explico de dónde surge. Cuál fue mi disparador. Y como más de uno habrá intuido por mis habituales referencias a la astronomía, se debe a la preciosa conjunción visual de Venus y Júpiter de la pasada noche.
Ambos cuerpos celestes brillan de forma intensa estos días pero y además, la noche en que la percepción visual los hizo coincidir, no brillaban como la suma de sus brillos, sino muchísimo más!!!

Cuando en tus proyectos coincides con una persona o un grupo con el que tu trabajo fluye, aumenta tu propio brillo y el de cada uno y, sobre todo, aumenta el brillo del grupo.

Si en la vida te cruzas con una persona a la que puedes considerar tu binomio perfecto, el brillo de ambos juntos hace que cada uno brille con tal intensidad que no se querrá buscar ningún otro brillo en el firmamento para lograr una conjunción perfecta.


Yo, confieso, no pude ver el fenómeno. Para quienes apreciamos estas cosas, es duro saber de la existencia de un binomio perfecto y ser consciente de que no vas a poder disfrutarlo.

No obstante esto no me arredra (cómo me gustan estas palabras!!!).
Constantemente me animo y os animo a que sigáis buscando a vuestro binomio o polinomio perfecto y, cuando lo encontréis, no digo que os peguéis a él como una lapa pero y además, al menos, lo tengáis de referencia, por si algún día, en ese inmenso azul que es la vida, podéis lograr la más maravillosa de las conjunciones planetarias…


Binomio Perfecto…

El potencial de un binomio!!!


Y… ya!!!
No me canso.
We are searching our utopia in a continuous present continuous!!!!!
Os espero…

Para seguir buscando nuestro binomio creativo y expresivo perfecto… o polinomio…




Fernando Bercebal · momento Devising Consultor · Pedagogo Teatral
Puedes compartir los contenidos de este post con todas las personas a las que creas que pueda interesarle. 
fbercebal@naque.es

domingo, 14 de junio de 2015

VALOR AÑADIDO



VALOR AÑADIDO


Va por vosotros… Mis queridos árboles!!!

Los que nunca se han dedicado a la enseñanza o formación, o los que la practican pero y además, nunca se han DEDICADO a ella, desconocen uno de los mayores valores añadidos que puede tener una profesión:
            LOS ALUMNOS.

Últimamente, cuando trabajo en el ámbito empresarial, hago mucho hincapié en la escucha activa hacia el cliente. Y en el ámbito artístico, cada vez se da más importancia al retorno que pueden darte tus públicos.
Saber escuchar se está convirtiendo en imprescindible, si bien sigue habiendo mucha gente que sigue vendiendo o ejerciendo su profesión sin escuchar a sus clientes, y muchos artistas que ignoran ‘motu propio’, lo que sus públicos le retornan, y continúan produciendo su arte desde su posición unidireccional.
¿Esto les genera crisis o les reduce sus ventas o su producción artística? En muchas ocasiones no, o al menos no parece notarse. Aunque yo os aseguro que si se sensibilizaran en la escucha crecerían más, mejor y más rápido.

En educación, sea el tipo de formación que sea, niños, jóvenes, adultos, reglada, de ocio, formativa, profesional…, la figura de tu cliente, de tu público, está ahí, delante de ti o al otro lado de la red. Y es inevitable contar con su respuesta.
Desgraciadamente, hay muchísimo ‘profesional’ de la educación e, insisto, de cualquier ámbito y nivel, que no solo no escucha a su clientela, a sus alumnos, sino que se debate en una constante queja ante la desidia, desmotivación y todas las negatividades que puedas pensar de parte de alguien que, en principio, está ahí para aprender, para desarrollarse, para buscar alternativas o, ‘simplemente’, para crecer como persona.

Y en ese bosque, algo enmarañado, aparecen árboles preciosos.
Árboles en forma de maestras y maestros, profesores, docentes, orientadores, directivos, entrenadores, consultores, pedagogos…
Árboles que no solo tienen en cuenta a sus alumnos… Sino que se dan cuenta de que son su VALOR AÑADIDO.

De nuevo vuelvo al entorno empresarial donde el binomio ‘valor añadido’ no deja de pronunciarse para identificar aquello que nos distingue de la competencia o que nos hace mejores sin necesidad de invertir en ello pero y además, que repercute en el valor de nuestro producto y por ende, en nuestros beneficios.
Suele ser un intangible, como la singularidad, la originalidad, la ubicación, un rasgo peculiar, la formación previa, la adecuación a nuestro producto por nuestro perfil personal…

En educación, de nuevo se comienza a contemplar este binomio, pensando en el propio docente…
Sin embargo, los docentes a los que me he referido como árboles, no miran hacia dentro, sino hacia fuera…
Y ven, tan claro como el agua de mayo que, el mayor valor añadido que más les interesa y que más les va a hacer crecer como docentes, que va a repercutir en el valor de su producto, en la consideración positiva de cómo y qué enseñan, son sus alumnos.


Si no están motivados, tratan de motivarlos.
Si les cuesta entender, buscan otras formas de explicar.
Si los contenidos a transmitir son áridos, los riegan.
Si son débiles, los fortalecen.
Si son repetitivos, los transforman para que sean cada día, nuevos.

Y… ¿Por qué empeñarse en esforzarse por unos alumnos que, muchas veces están ahí porque están obligados a estar, para pasar de curso, para que les convaliden los trienios, para que les promocionen en la empresa o para que les des una subvención?

Porque el buen docente sabe que… Ellos son más y, al final, el docente aprende más de sus alumnos que ellos de él.
Porque le hacen sacar lo mejor que lleva dentro y exprimirlo.
Porque son su entrenamiento diario.
Porque le ponen en bretes de los que, sí o sí hay que salir.
Porque sacan a flote las deficiencias a mejorar, las dudas no resueltas o las estructuras más consolidadas.
Porque le muestran y demuestran al docente por dónde caminar con un pie dentro de nuestro círculo y otro fuera.
Porque, en definitiva, si ellos no existieran, nosotros no serviríamos para nada…

Hoy, 14 de junio de 2015, cuando la mayoría de los centros educativos están ya acabando su labor docente. Cuando acabo de clausurar tres cursos de tres meses, dos para docentes y uno para empresas. Cuando el verano se acerca y parece que la merecida vacación del docente abruma a aquellos que parecen envidiar su descanso…

Hoy quiero hacer un homenaje a mi valor añadido.
A mis alumnos que a la vez son docentes de las D’s de la Educación.
A los profesores y alumnos que han participado en Tu propio Quijote.
A los alumnos que han asistido al Curso Superior de Community Management.
A los alumnos que han sido y serán, porque todos sois mi VALOR AÑADIDO.

Pero y además, me gustaría dejar un rincón especial a unos alumnos especiales.
Ya he dicho que considerar algo ‘valor añadido’ implica también un incremente del valor del producto que ofertas… ¡Que ganas más, por lo mismo, vamos!!!
En educación esto no suele ser así, y ganas lo mismo hagas lo que hagas o, simplemente, tampoco existe una oferta/demanda que haga fluctuar mucho el precio.
Por eso, cuando esos ‘árboles’ siguen en pie, les admiro aún más.
Y cuando tus alumnos, esos que te hacen ser árbol, son robles milenarios, encinas de cien ovejas, pinos pinaster de los que ya no quedan, alamedas enormes de las del Duero o secuoyas que pueden dejar pasar multitudes bajo su tronco, no tienes más remedio que brindar un sentido homenaje, saludar con reverencia y decir… GRACIAS!!! GRACIAS!!! GRACIAS!!!

Me estoy refiriendo a mis alumnos del Seminario de Apoyo al taller de Teatro y Expresión.
Aquí mi frase ya manida de que aprendo yo más que ellos, se convierte en puritita realidad.
Su experiencia, que me transmiten preguntando y contestando.
Su carácter, inquisitivo, cuestionándolo todo.
Su aparente inseguridad que les provoca la duda, para cuya respuesta tienen infinidad de caminos a cual más impresionante.
Su fe nada ciega en mí que, sin embargo parece decir que irían a cualquier rincón del mundo con tal de seguir trabajando en lo que les propongo… y si no hasta el fin del mundo, hasta… Cabezuela…

En fin, no es su dinero, que bien se puede conseguir mucho más por otros medios y en otros entornos.
No es su caché profesional, porque ninguno presume de su puesto de trabajo y por tanto yo tampoco de estar llevando un seminario para eminencias.
Ni siquiera su amistad entrañable, que, si bien en algún caso empieza a ser ya consolidada, no fuimos compañeros de curso, ni de carrera, ni siquiera de equipo deportivo…

El valor añadido que me aportan es obligarme a ser mejor cada día, a intentar sorprender a personas que ya son difíciles de sorprender, a conseguir como premio sus asentimientos con la cabeza, sus miradas cómplices, sus sonrisas, sus ‘Gracias!!!’.
El valor añadido son, ni más ni menos que, ellos mismos, y la generosidad con que me permiten hacerles creer que tengo algo que enseñarles.

Entonces caigo en la cuenta de que yo, realmente, no enseño… Solo provoco.
Solo tiro de hilos para que ellos los rompan y muevan sus propias extremidades.
Solo genero dudas para que busquen respuestas.
Solo… abro puertas para que ‘ellos se tiren por sus propias ventanas’.

GRACIAS, ESPECIALMENTE A VOSOTROS, ‘SEMINARISTAS’, pero y además, a todos aquellos que con vuestra presencia en mi vida de formador me habéis hecho mejor.
Gracias por no permitirme apoltronarme.
Gracias por obligarme a crecer, crear y creer en lo que hago.

Yo animo a todo docente a que busque el VALOR AÑADIDO de su docencia, de su perfil, de su persona, en sus propios alumnos.

Y… ya!!!
No me canso.
We are searching our utopia in a continuous present continuous!!!!!
Os espero…

Para seguir creciendo en valor, gracias a vosotros…



Fernando Bercebal · momento Devising Consultor · Pedagogo Teatral
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